Llevo todo el mes de octubre esperando la ocasión de hacer la entrada sobre el cumpleaños de Matías que fue el día 3. Hoy, por fin, he mirado las fotos y he visto esta, preciosa, de nuestro niño radiante, mirando absorto la vela con el número dos, pensando cuánta vida lleva ya vivida, cuántas cosas han pasado esos dos años que cuestan de hacerse con los dedos de una mano, y quizás, puede ser, pidiendo un deseo. Detrás, orgullosos, sonríen los papás y lo aplauden. Su hermano lo mira desde un rincón de la foto, con ganas tal vez de ayudarle a soplar o puede ser de que acabe rápido la foto y el canto para poder coger un kitkat.
Este viernes que viene día 30, mi abuela Bibía habría cumplido 84 años. Esos ya no se pueden hacer con los dedos de la mano, ni de las dos manos, ni de las dos manos y los dos pies. Son muchos años. Casi los mismos que los 83 que vivió enteritos.
Se me acumuló el tiempo y se me quedaron pendientes las entradas del mes. Aquella que quería escribir sobre el primer diente que se le cayó a Lucas tras un mes de moverse y aflojarse. Por fin una tarde se quedó enganchado en una magdalena que le regaló su amigo Ferran, y a él también, por solidaridad de amigos, se le cayó uno. Se quedó en el tintero aquella otra entrada con foto sobre una excursión con Flaco, Renée, Bruno y Pablo a Vallvidrera a ver los colores del otoño en los árboles del pantano y comer todos sentados en la mesa en la que Mossen Cinto Verdaguer comió, el día antes de morir, con no sé cuántos obispos. En la tarde los niños bajo una casa construida con palos, como la de los cerditos, jugaron sin parar y vivieron aventuras de las que no se olvidan. Los amigos maternos, que dice Bruno, son esos que conoces desde que naces, "como la leche (materna)". Pensaba también contar que tenemos visitas: por aquí andan Juana y mi papá, el abuelo Juan, pasando unas semanas de viajes y disfrutes. Quería darles la bienvenida, decir que estamos contentos de tenerlos cerca, que esperamos hacer muchos planes con ellos. Y claro, también tengo pendiente la entrada sobre el fin de semana pasado en que estuvimos con los amigos familia en una casa rural. Camila, Sara y Lucas jugando horas y horas, y los pequeños, Jacobo, Martín y Matías mirándose, hablándose, sonriéndose e incluso prestándose juguetes y pelotas para luego quitárselos y volvérselos a dejar. Comidas y comilonas, películas, charlas, conversaciones, dormir, descansar, mirar, observar, y simplemente estar. Las fotos aún por llegar.
Pero entonces pasó algo. Se atravesó otro plan de la vida. Y ayer, nuestra maravillosa Bibía, la abuela preferida de sus nietos, se nos fue. La última foto que tengo de ella con todos es esta. Están también sus tres bisnietos, Julieta, Lucas y Matías de apenas 3 meses. ¡Cuánto tiempo desde entonces, ya lo ven! Cuánto tiempo, cuánta vida, cuántas cosas.
Difícil imaginar cómo será la siguiente vez que estemos todos juntos sin ella. Seguro habrá otras vidas, otros tiempos, otras cosas. Seguro la evocaremos y seremos capaces, entre todos, de sentirla sonreír, de oírla hablar, de verla mirarnos con ojos amorosos. La vida voraz... la vida que sigue... la vida, al final.
1 comentario:
Que divino Vero
mitin
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