jueves, 18 de junio de 2009

Escuela de madres 2

El lunes pasado tuvimos nuestra tercera sesión de curso pre-parto. En la segunda vimos un video de un parto muy "light" y nos dieron la dichosa lista, por fin! Así esa semana supe lo que me faltaba por tener para Lucas en la clínica y pude comenzar a organizarlo todo. Ya está hecha la maleta pero faltan unos documentos importantes que están en poder del médico. Como calculo que estará ahí en el momento del parto, me preocupo más o menos; pero por las dudas, ya que esta tarde tengo control, le pediré que me los dé. Nunca se sabe si toca parir a manos de alguien más y hay que llevar con uno la historia.

La tercera sesión, contrario a la segunda, fue un poco más intensa, por decirlo de algún modo. El video que vimos fue bastante anatómico: estaba dirigido a médicos, comadronas, enfermeras, gente que conoce de anatomía humana, y explicaba cómo una cabeza del diámetro que tienen las cabezas cabe por una pelvis que tiene otro diámetro; cómo el bebé se gira, da una vuelta, acomoda los huesos, se abren y se cierran... en fin, lo que la comadrona llama "el mecanismo del parto". Lo peor, quizás, vino después cuando volvimos a la realidad (porque la parte de cabeza y huesos era una animación por computador), y vimos salir el bicho ese pringoso y horrible, pero antes el corte, la episiotomía, y todas quedamos muy serias (¿y preocupadas?). Cabe anotar que en el justo momento del corte, Álvaro salió despedido de la sala... fue una llamada inesperada al móvil que lo obligó a irse. ¡Sólo espero que en la sala de partos no suceda lo mismo!

Para Álvaro, lo peor fue la charla posterior en que Gemma explicaba cuándo había que ir al hospital y a qué velocidad: si rompes aguas (o rompes fuente), mirar el color. Si es transparente se alcanza uno a bañar, hacer la maleta, congelar la comida, salir de la casa y llegar, y aún quedarán varias horas por delante. Pero si el color es otro hay que correr, sin bañarse ni coger maleta ni congelar ni nada, y llegar a la clínica lo más rápidamente posible. Si hay contracciones, medirlas y cuando sean frecuentes, fuertes y rítmicas, hay que ir hacia el hospital. Y en fin, otros detalles con los que ya no los aburro más. En un mail de Álvaro el martes me preguntaba por las aguas, el color, las contracciones, en fin, señales típicas de estrés.

Y yo, repito, sólo espero que no salga corriendo de la sala de partos cuando estemos en medio de las respiraciones abdominales.

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