El fin de semana pasado Álvaro pintó la habitación de Lucas. Era la tarea pendiente número uno de mi lista y habíamos acordado que lo haríamos en mayo, así es que fiel a la promesa, el 15 de mayo compramos la pintura, el 16 de mayo se dió una primera capa y el 17 de mayo se terminó de pintar. Le quedó realmente bien y bonito. En la foto de arriba pueden ver al maestro pintor y en la de abajo el color azul de la pared.
Yo no pude pintar, pero no podía quedarme sin participar. El sábado fuimos a IKEA y compramos unos muebles -incluida una cómoda para guardar la ropa de Lucas-, y el domingo por la mañana me entretuve armando un mueble nuevo para el baño y luego haciendo la cómoda. Es marca de familia: yo tengo una, Álvaro tiene una y ahora Lucas tiene una, todas iguales, así es que casi, casi se hace con ojos cerrados. Bueno, no tanto; hay que seguir las instrucciones, pero siempre nos queda muy bien (a pesar de la cara de desconcierto que tengo en la foto de arriba). Esa noche ya estaba todo listo: la pared, la cómoda, el sillón con su funda nueva.
Y lo pagué con bastante dolor de cóccix (o coxis, como se quiera) el lunes. Casi no me podía mover.
Ese día por la tarde, cuando ya me dolía un poco menos, fui con la abuela Mariví a ver cunas y finalmente me decidí por una, regalo de la abuela Inés Elvira. Nos la entregan dentro de un mes y medio. Ahora el asunto es saber quién llegará primero, si Lucas o la cuna, pero bueno, como no dormirá en ella sino hasta dentro de un tiempo, no es nada de qué preocuparse.
Y ahora solamente nos falta... lavar la ropa, hacer las cortinas, conseguir las sábanas, decorar alguna otra pared, conseguir una lámpara, y un largo etcétera que se me va ocurriendo poco a poco, día a día. Y como siempre, toca poco a poco.
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