martes, 17 de marzo de 2015

The Joys of Parenthood

Llevamos desde el viernes en la madrugada con Matías malito. Empezó, por supuesto, a la 1.30 a.m. cuando la mamá se acababa de acostar. Llora Matías, acude mamá, vómito por toda la cama. Cambia pijama, sábanas, todo, y Matías hace una gran caca espantosa. Cambia de nuevo. Era solo el comienzo.

Amaneció mejor, o con mejor cara, y se fue a la guardería. A las 12 llegó la esperada llamada, no está bien, ven a buscarlo. La tarde mejor, pero no del todo. En la noche aguantando, y ya al parecer la cosa paró.

El sábado pasó, tranquilo, sin vómito. Aprovechamos para ver a la yaya Mariví y a Magda y a nuestra amiga Marijo que había venido desde el País Vasco, y pasamos un día muy agradable. Lucas se fue a casa de su amigo Ferran y en la tarde Matías fue hijo único y estuvo tranquilo y contento. La noche se pasó muy bien.

Pero el domingo llegó. Y ha sido uno de los domingos más domingos de los últimos tiempos. Hacía sol, pero eso no bastó. Matías comenzó a vomitar desde la hora de comer. Arroz con carne: fuera. Agua: fuera. Yogur: fuera. A la lavadora ropa, babero, y suéter de mamá. A la merienda, nada. Sólo agua. Era beber, y vomitar. La cena ya ni la intentamos. Estaba claro que el lunes sería otro día para el recuerdo. Felizmente se acabó el domingo. El lunes fue apenas un poco mejor.

Cuando finalmente pude hablar con el pediatra el cuadro era negro: a ese ritmo, había que ingresarlo a un hospital a que le pusieran suero. Intentar primero con leche con azúcar: 10 ml cada 10 minutos. Paciencia. Mamá reloj. Cruzar los dedos. Llevábamos 150 ml, casi casi una victoria, y nada. Leche: fuera. Para este momento mamá ya era una experta en sentirlo llegar y apartarse. La ropa de Matías, no. Lavadoras, fregar, limpiar. Todo una y otra vez. Intenarlo de nuevo. 10 ml cada 10 minutos. Segundo fracaso.

A las 8 de la noche terminamos en el Hospital de Nens. Pastilla bajo la lengua y media hora de espera. El niño no pedía más que "ava". Por fin llegó el suero oral, 5ml durante 5 minutos, muy poco a poco, y Matías "ava, ava", desesperado, rojo, cansado. Beber medio centímetro, llorar un minuto, tirarse al suelo, pedir brazos, agacharse. A las 10.30 nos dejaron ir a casa. A las 11 llegamos agotados.

La noche pasó sin vómitos, pero no mucho mejor de sueño. El día en manos de su padre y su canguro y en compañía de su hermano que dijo que tampoco se sentía bien. Al parecer, y tocomaderacruzolosdedoshagotodoloquehagafaltaparaqueasícontinúe, Lucas no ha caído. Yo no me siento del todo bien, pero creo que sobreviviré.

Ay, los placeres de la maternidad/paternidad. Te cubren de vómito, te lloran en brazos, te piden que los recojas del suelo al que se han tirado, te hacen doler la espalda, te despiertan de un profundo sueño, te mienten diciendo "caca", te dejan desvelada... pero los sigues queriendo con locura.

Ahora que me dispongo a irme a la cama me pregunto qué me espera en las próximas horas. A ver si es bueno y la vida puede, poco a poco, volver a la normalidad. Empieza a llorar... ¿pierdo la esperanza?

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