Supongo que nos ha pasado a todos. En mi casa fue claro y de lo que pude ver en Facebook así era en general con todos los colombianos. Nos dio una fiebre amarilla tremenda... pero de puro fútbol. Nos contagiamos, nos ilusionamos, nos decepcionamos (un poquito), nos emocionamos. Y nos pusimos La camiseta, como bien pueden ver en la foto.
En esta casa vivimos con tristeza la eliminación de "la Roja", pero entonces seguimos confiando en "los cafeteritos" como los llamaban en el periódico. Y hemos estado todas estas semanas hablando de fútbol, respirando fútbol, creyendo en el fútbol y disfrutando con el fútbol.
Lo que dejo claro es que la cosa ni comenzó ni acabará con la fiebre mundialera. En el caso de Lucas estos últimos meses ha sido una fiebre de fútbol impresionante. Últimamente sólo quiere jugar a chutar, a patear balones, a hacer gol, a correr, a hacer figuras de fútbol cuyos nombres yo desconozco, a darle y darle... No acabará. Es un niño niño.
Lucas se puso la camiseta pero solo lo hizo una vez. Luego fue reacio a decirse colombiano y a querer ir con Colombia aunque ganara. Cuando más emocionada me veía, más me llevaba la contraria y decía que iba por Brasil, por ejemplo. Pero no importa. Yo lo sigo queriendo, aunque también me alegro de tener otro que disfruta mucho con su camiseta. Lo pueden ver aquí abajo. Lucas ya entrará en razón.

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