Hoy se cumplen 39 semanas de este segundo embarazo. Creo que no esperaba llegar hasta aquí con toda mi redondez. Las mamás casi siempre creen que se adelantará el bebé, pero luego no pasa. De hecho, llega cuando quiere, ya lo sabemos.
Las últimas semanas se hacen físicamente pesadas y emocionalmente complejas. Como dice esta mujer en un artículo que me compartió mi amiga Renée, es un momento en que hay que darse prisa y esperar. Ante la inminencia de la llegada, tenerlo todo a punto es fundamental; pero la llegada puede retrasarse, posponerse, y entonces hay que esperar un poco más.
Para mí, es un momento de sentimientos encontrados: por una parte ya están ahí las ganas de que nazca, de verle la cara, de poderlo abrazar y darle besitos. Pero por otra parte, tengo la sensación de no querer que se acabe, como cuando estás disfrutando un viaje que sabes que está a punto de llegar al final y piensas "Ojalá que el tren no pare, que siga un poco más, que el destino se aleje, que dure...".
No sé si hay solución para esto que siento, no sé si se pueden conciliar dos cosas tan diferentes. Sé que ya estoy lista para que venga, para que nazca, que tengo ganas. Pero sé también que luego echaré de menos mi gran barriga, sentirlo adentro, saber siempre dónde está porque lo llevo conmigo. Feliz y triste, todo a la vez. Supongo que el secreto está en disfrutar intensamente de cada segundo de felicidad o tristeza o las dos a la vez, y seguir esperando a que este niño se decida a salir para ver el mundo, y a su mamá, su papá, su hermano, y todos los que lo quieren desde ya, con sus propios ojos.
Cuando quieras, pequeño. Te esperamos.
1 comentario:
:') te entiendo ta..an bien... pero creo que ya le diste la bienvenida ;)
un abrazo a ti y a tu redondez.
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