Ha sido un verano muy piscinero para Lucas, y le ha cogido gran afición a la piscina y sobre todo al hecho de "ir al club". No sólo vamos a la piscina, es importante "ir al club".
Esta semana que termina hoy hemos ido tres veces. Y es genial porque Lucas disfruta mucho el agua y nadar, y nosotros también disfrutamos de estar a salvo de tanto calor.
El domingo pasado ocurrió una cosa similar a la que narra mi amiga Renée en su blog. Estábamos Lucas y yo en el vestidor cambiándonos para irnos al agua. En esas entró una señora con algún kilo de más. O algunos, para ser exactos. Cuando se quitó la ropa al lado nuestro para ponerse su vestido de baño, Lucas la miró y dijo asombrado "Ella es muy gorda". Yo no supe bien qué hacer y no se me ocurrió nada mejor que decir "Bueno, sí, como yo". A lo que Lucas, siempre discreto, dijo "No, mamá, tú no eres gorda". No supe si comérmelo a besos (¡vaya piropo!) o sólo comérmelo y luego intentar desaparecer.
Callé, y salimos. A todas estas, la señora no dijo nada.
Ya lejos del incidente le dije a Lucas: "No puedes ir por ahí diciéndole a la gente que es gorda porque a la gente no le gusta que le digan eso". Ante este argumento (un poco con tinte de clase magistral, como diría Renée), Lucas respondió: "Bueno, pero es que ella come mucho y es muy gorda, muy gorda".
Como ven, una lógica aplastante. No puedo negar la evidencia. ¿Podré enseñar la prudencia?
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