Como estaba en plena siesta, lo llevamos en brazos hasta la entrada del quirófano y ahí lo entregamos a un doctor, con el chupete en una mano y un muñeco en la otra. Nosotros nos fuimos, los dos solos, con el corazón encogido. A las 4 nos llamaron a decir que todo había salido bien y que Lucas ya estaba en recuperación y a las 5 lo subieron de nuevo a la habitación. Un par de horas después, Lucas estaba así:
(La cámara está quieta pero él no paraba de moverse...).
Una semana después volvimos a la clínica y el médico dijo que estaba todo perfecto. ¡Qué felicidad!
Este domingo Lucas estaba haciendo pipí y tuvo lugar la siguiente conversación:
L: Mamá, me quiero ver el pito.
M: Pues míratelo. (Aprovechando que tenía los calzones abajo... Lucas se mira...)
L: Es que yo antes tenía una cáscara en el pito. Pero me la quitaron. Y ahora ya no la tengo.
Ni Álvaro ni yo le dimos muchas explicaciones. No tuvimos tiempo (ni quizás tampoco valor...). Ahora creo que lo más probable es que haya sido el doctor Morales, el que lo operó, que se lo dijo antes de ponerle la anestesia. O quizás fuera él, el de la derecha, que lo acompañó durante el proceso y con quien estamos eternamente agradecidos.

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