Les prometí fotos de nuestro viaje por Castilla esta pasada Semana Santa. Finalmente, las podrán ver aquí.
Hicimos un viaje largo saliendo el jueves con rumbo a Burgos. Parada de rigor para comer en Calahorra, luego seguimos. Burgos es una ciudad señorial y preciosa, con dos ríos que la cruzan y una enorme catedral. Paseamos, comimos (maravillosas morcillas), dormimos y al día siguiente continuamos el recorrido para llegar a Támara de Campos. Paramos en Villanueva de Argaño, el pueblo del padre de Álvaro, y sin querer queriendo reencontramos a las primas Chus y Cristina, y a muchas más, que recordaban a un Álvaro como de la edad de Lucas (un poco mayor) y que nos acogieron con emoción. Para comer estábamos en Támara de Campos y ya instalados en el hostal San Hipólito. Un pueblo precioso y un hostal fantástico, recomendado para todo el que quiera ir a estar unos días tranquilísimos en tierras castellanas. Desde ahí fuimos a Dueñas (cerca de Palencia), a Carrión de los Condes, a Cistierna (en medio de la nieve), a la villa romana de La Olmeda, a Frómista, y vuelta a Carrión donde encontramos a la tía Aurora, la hermana de José Antonio, el padre de Álvaro. Fue un viaje emocionante (y emocional), que nos encantó a todos. El gran Lucas se portó como todo un campeón, disfrutando de todo: la lluvia, la nieve, el sol, la niebla... incluso del viaje de vuelta con la parada en Covarrubias (un favorito mío, al que quisiera volver con calma), y luego viendo las tres películas de Toy Story (gracias, iPad; gracias, Pixar) que ocuparon el tiempo que nos tomó llegar a casa después de haber parado a comer en la desconocida y sorprendente Soria.
Un viaje largo y cansado, y feliz para recordar.
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