Desde hace un par de semanas estamos intentando que Lucas aprenda a dormirse solo. La idea es que lo podamos dejar en su cama, leamos un cuento, y luego apaguemos la luz y él se quede solo, despierto, y se duerma tranquilamente... Hasta ahora pasábamos un rato más o menos largo leyendo cuentos con la luz prendida, luego contando alguno con la luz apagada y luego cantando canciones (unas papá, otras mamá, cada uno su repertorio) hasta que Lucas cayera dormido. Y aunque esto solía ocurrir más bien rápido, queremos que aprenda a dormirse solo para beneficio suyo (no se levantará por las noches cuando se despierte) y nuestro (no nos despertaremos por las noches cuando venga a nuestra cama).
Por supuesto, ha sido un proceso doloroso, de muchas lágrimas por su parte y mucha paciencia por la de sus padres (en especial papá que en eso está implacable). La semana pasada ni la cuento, pero esta semana el lunes lloró hasta las 12.30, el martes se durmió a las 9 y se despertó a las 11 para llorar hasta la 1.30 y el miércoles nos temíamos lo peor. Intentábamos cenar y él salía del cuarto cada dos por tres, llorando y tratando de escapar de papá para ir a brazos de mamá (no sé por qué soy "la buena"), y llorando a mares al ser devuelto a su cama... Le cerramos la puerta -más llanto e intento de destrucción del cuarto-, la volvimos a abrir -el llanto no cesó-, lo llevamos a la cama y ya eran las 10.30, y de repente oímos el silencio, y en medio del silencio su voz que decía "Uno... dos... tres... cuatro... cinco... seis... siete... ocho... nueve... catorce... veintiseis... uno... dos..." y así, números cualquiera, hasta que se quedó profundo.
Él, solito, contando. Y lo mejor es que al día siguiente repitió la estrategia. ¡A ver cómo sigue la cosa!
2 comentarios:
Cuesta, cuesta, pero al final se consigue. Ánimo.
Que ternura Vero! Esta historia me encantó! Besitos.
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