Volvimos hace varios días de Bolonia donde estuvimos de trabajo y de placer. Estuvimos contentos, recorriendo los parques de la ciudad, caminando por las calles del centro, bajo los miles de metros de soportales que son la principal característica de la capital de la Emilia Romagna. Además comimos muchos macarrones al ragú, es decir a la boloñesa... tantos y tan buenos que al regresar al pescadito hervido con puré de verduras ante el "Mira, comida normal, Lucas" de su padre le siguió un "Macarrones" de Lucas. Honda decepción.
Los macarrones, por supuesto, se han convertido en un clásico y favorito de la casa. Con ragú, mejor que mejor, pero nos gustan de todas las maneras.
Les debíamos las fotos que ahora pueden ver aquí (son pocas las elegidas, pero para que se hagan una idea...).
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