miércoles, 9 de septiembre de 2009
Vacaciones de verano (I)
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La primera semana de vacaciones estuvimos con Lucas en La Rioja. La abuela Mariví, con Magda, Joan y Mercè, alquiló una casa rural en Peroblasco, cerca de Arnedillo, un pueblito de 25 casas encaramadas unas sobre otras. Por no tener, no tenía ni iglesia, pero ahí estaba La Gloria, la casa en que pasamos casi una semana.
El viaje de ida fue bastante tranquilo. Paramos en Coma-Ruga, la playa de El Vendrell (Tarragona), para dejar a Ira con Quintín, Judith y Berta, y aprovechamos para empezar el verano con un baño mediterráneo y una paella. Luego emprendimos rumbo a occidente para llegar esa noche a Peroblasco. Fue casi una semana de tranquilidad para nosotros y mimos para Lucas. Con cuatro abuelos ¿cómo podía ser de otra manera?
El domingo hicimos una excursión a Yanguas, un hermoso pueblo de Soria, un poco al sur de Peroblasco. Allí comimos y caminamos un poco, y estuvimos muy bien. El lunes fuimos a Arnedillo a ver el balneario y a bañarse en las pozas de agua termal. El martes era el comienzo de las fiestas de Calahorra y allí nos desplazamos con Lucas vestido de fiestero y todo para dar el chupinazo que señalaba el inicio del evento; comimos los famosos champiñones de Las Vegas y ya por eso valió la pena el viaje hasta allí! En la tarde se nos unió Marijo que vino desde San Sebastián a conocer a Lucas y estuvimos paseando por los pueblos de la sierra donde veraneaba la abuela Mariví cuando era niña. El miércoles viajamos hasta San Millán de la Cogolla, al otro extremo de La Rioja, para visitar la cuna de la lengua española... o en lenguaje Lucas, el maxicosi de la lengua española. El monasterio de Yuso es precioso, la comida fenomenal, y el viaje de vuelta atravesando la sierra de Cameros una maravilla, de no ser por lo tarde que se nos hizo y lo desesperado que estaba Lucas de llevar 3 horas entre el coche sin poder moverse. A pesar del llanto inconsolable, nos quedamos con la sensación de haber pasado por parajes sin par a los que quisiéramos regresar. Felizmente alargamos el viaje un día y pasamos ese jueves en la tranquilidad de la piscina municipal de Arnedillo, leyendo, tomando el sol, descansando y reponiendo energías para el viaje de vuelta. Lucas estuvo un poco más tranquilo al regreso, pero aún así agradeció salir del coche y del maxi cosi, y estar esa noche y al otro día tranquilo en Barcelona.
Si quieren ver alguna foto, pueden hacer clic AQUÍ.
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