domingo, 20 de septiembre de 2009

Cambia, todo cambia...


Todo lo bueno se acaba y rápido se nos acabaron las vacaciones. El lunes 7 de septiembre Álvaro volvió a trabajar y el lunes 14 yo volví a dar clases.

El regreso de Álvaro a sus más de ocho horas de oficina ha supuesto para Lucas dejar de ver a su papá todo el día, todos los días. En las dos semanas de vacaciones Álvaro dejó de ser solamente una mancha gris en la vida de Lucas y ahora ya tiene cara y profundidad; es de esperar que Lucas lo eche de menos, aunque sospecho que no tanto como Álvaro a Lucas. Eso sí, la hora de llegar a casa y el masaje nocturno que precede al baño siguen siendo enormemente disfrutados por los dos, ahora más aún, si cabe.

Mi regreso a dar clases ha sido también interesante. Nos vamos entrenando en tenerlo todo listo y salir para donde la abuela Mariví, llegar en tiempo record, comer, ir a clase y desconectar por completo de Lucas, para luego volver con mucha emoción a ver a mi niño que ha pasado un par de horas felices con su abuela. Son apenas dos días por semana los que están juntos, pero seguro que en ese rato se están haciendo buenos amigos.

Por otra parte, Lucas ha recibido valientemente sus primeras vacunas. El miércoles 16 por la noche fuimos a que le pusieran las primeras dosis y aunque su papá y yo sufrimos un poco de ver la aguja enorme clavada en su muslo, él lo llevó muy bien y lloró poco -nosotros hubiéramos llorado más, creo. Por supuesto, el jueves le compramos un premio que le ha encantado -¡y a Ira también!

1 comentario:

Anónimo dijo...

me encanta esta foto, veo que Ira disfruta mucho del juguete, y me imagino que Lucas tambien y cada vez mas.
mitin